21 de abril de 2012

Volcanes, bosques y lagos en la Araucanía

La Araucanía (zona en la que crecen las araucarias, unos árboles autóctonos muy particulares) es un paraíso de montañas, volcanes, bosques y lagos. Nos ha encantado, fascinado, y con gusto nos hubiésemos quedado un buen tiempo más. ¡Madre mía qué paisajes, qué belleza!
Empezamos visitando dos pueblos muy pequeños y absolutamente vacíos de turistas: Panguipulli y Coñaripe. Estamos en temporada baja y eso se nota, sólo había locales. En ambos pueblos caminamos hasta lagos azules idílicos, rodeados del verde de los árboles autóctonos y del amarillo de los álamos importados. En los caminos nos cruzábamos con vacas solitarias, con ovejas y pollos… el único que no nos hizo gracia fue un perro loco que se abalanzó corriendo hacia nosotros. Gracias al oportuno silbido de su ama cuando estaba a punto de devorarnos, no nos hizo nada y salió corriendo tal y como había venido. Nos dio un susto de muerte.
En Coñaripe estuvimos alojados en “La Esperanza de..?”, la casa particular de Mireya y su marido, dos personas bellísimas y muy humildes que compaginan varios trabajos para pagar la universidad a sus dos hijos. Tela lo que vale aquí la educación universitaria para el bajo salario que cobra la mayoría de la población. No sabemos cómo se lo hacen. Bueno sí, trabajando en varias cosas, haciendo horas extras y no permitiéndose ni un pequeño lujo. Como hicieron muchos de nuestros abuelos.
Y ahora llega el destino que nos retendría durante varios días: Pucón. La verdad es que el comodísimo hostal y, sobretodo, la compañía de Daniel (un catalán exiliado desde hace años que trabaja en el proyecto ALMA, el mayor observatorio del mundo situado en el desierto de Atacama) y Mick (un inglés loco por la música, los tatuajes con mensaje y Harry Potter), junto con el increíble paisaje de la zona, han convertido Pucón en un segundo Bolsón, uno de los mejores destinos de nuestro viaje hasta ahora. 

Xavi ya os contará su épica subida al volcán Villarrica, aventura en la que Mariona hizo bien en no participar (ya veréis por qué), pero aquí os recomendamos fervientemente el estupendo Parque Nacional Huerquehue, con sus maravillosos bosques de araucarias altísimas y los preciosos lagos Chico, Verde y Toro, propios de un paisaje de ensueño. La caminata a los lagos es larguita (unas 6-7 horas ida y vuelta) pero vale tanto la pena, es tan impresionante… Así que ya sabéis, ¡si pasáis por aquí tenéis que calzaros las botas y a disfrutar del entorno!


En el lago de Panguipulli


y en el de Coñaripe


con unas vistas preciosas al atardecer


y el volcán Villarrica a lo lejos


De paseo por los alrededores


por paisajes maravillosos


pero empieza a llover y hay que irse..


Nuestro superhostel en Pucón


Y las vistas al volcán humeante cuando Xavi subía y se jugaba el tipo

 

Mientras tanto, yo tenía un nuevo amigo Terranova

 

Llegamos a Huerquehue, donde nos reciben enormes araucarias


y lagos como espejos

 

y cascadas...

 

Y vistas maravillosas...


Vaya excursión que nos pegamos con los amigos Mick y Daniel

 

Paisajes de ensueño


y especies únicas en el mundo...



No nos cansamos de poner fotos...


pero ésta ya es la última por hoy.

19 de abril de 2012

En la Región de los Lagos, el Chile más alemán

Varios días hemos empleado en recorrer la Región de Los Lagos y la Región de los Ríos, pues cada pueblo de los cientos que hay por allí tiene puntos interesantes por conocer. Finalmente, como era imposible hacerlo todo, hemos optado por la ruta Puerto Varas – Frutillar – Valdivia.
En toda la zona hay una cultura germánica muy notable, pues en el s. XIX llegaron aquí más de 30.000 inmigrantes alemanes. Todavía hoy se puede comer Kuchen (pastel) por todas partes y se cultiva la tradición de fabricar cerveza artesanal. Se ve que en Chile hay 27 colegios alemanes, lo que es mucho para un país de 17 millones de habitantes. 
Las casas de por aquí se ven generalmente muy cuidadas, y en pueblos remotos y pequeñísimos como Frutillar, por ejemplo, se erige un auditorio de más de 1.000 butacas sobre un lago que trae a las mejores orquestras y a los más grandes bailarines del mundo. ¿Cómo es posible? Pues gracias a la iniciativa de unos entusiastas de la música de origen alemán, que financiaron casi en su totalidad la construcción del recinto para dar buena acogida a los artistas invitados a la Semana de la Música de Frutillar. Hoy el Teatro del Lago es mucho más que eso. Emplea a 54 personas, trae a artistas de talla mundial durante todo el año, ofrece conciertos baratos y gratuitos para que pueda acceder toda la población y promueve clases baratas de música para los niños de la zona. Sin contar con la industria turística que ha generado en su entorno. Y encima, según dicen, antes de cinco años van a recuperar la inversión por medio de la venta de entradas y la financiación de butacas. Uno paga 800 dólares y en uno de los asientos se pone una plaquita con el nombre del mentor.
Después de Frutillar nos dirigimos a Puerto Varas, donde hay que destacar las alucinantes vistas sobre el puntiagudo volcán Osorno, que se parece mucho al monte Fuji de Japón. Para verlo bien nosotros fuimos hasta el Lago de Todos los Santos (y olé!) y de allí emprendimos otra de nuestras caminatas hasta un mirador. Esta pateada no la recomendamos, pues aunque el volcán se ve más de cerca, el rutinario y pesado camino no compensa. Hubiese valido más la pena alquilar una barca barata (a cuatro dólares por persona) para ver el volcán y el monte Tronador desde el Lago.
En la siguiente parada, Valdivia, encontramos dos interesantes sorpresas: lobos de mar a un metro de nosotros en una plataforma sobre el río que recorre la ciudad (¡nunca los habíamos visto tan cerca y son enormes!) y un Jardín Botánico absolutamente precioso, que además sirve de Campus a los estudiantes de la Universidad Austral. Además de eso, en el mismo día nos dio tiempo a visitar Niebla y sus tres fuertes colocados estratégicamente a ambos lados del río y en una isla para defender Valdivia. Un poco más allá, andando, llegamos a una bonita playa, ya en el Pacífico. Y de vuelta a la ciudad, paramos en la fábrica de cerveza Kunstmann para hacer una cata de 9 tipos de cerveza. Tranquis, que se trataba de chupitos, pero aun así salimos contentos y cantando el “Lorelaihihi”…



Un pianista loco en Frutillar



El Teatro del Lago por fuera



Y por dentro... ¡es enorme y además tiene un anfiteatro con vistas al lago y al volcán!



El Volcán Osorno desde los Saltos de Petrohué



El plátano se está cnvirtiendo en nuestra fruta estrella



El Osorno en todo su esplendor



Aquí en la consigna todo tiene su precio... ¿Qué dejamos hoy, el parabrisas, la motosierra, la podadora o el neumático?



En Valdivia los lobos están en el medio de la ciudad...



así que puedes observarlos durante horas



y de muy cerca...



En caso de emergencia, romper el vidrio... un souvenir muy extendido por aquí...
(en honor a los fumadores)



Algunos estudiantes se relajan en el maravilloso Jardín Botánico de Valdivia...



mientras otros protestan, ya que con la excusa de la reconstrucción del terremoto de 2010, a muchos les han quitado las becas... están que trinan con Piñera, o Piraña, como le llaman algunos



Llegamos a Niebla y entendemos el origen del nombre del lugar



Y cuatro pasos más allá estamos en una tranquila playa del Pacífico



Olas pacíficas



pero hay que estar atentos por si acaso...



De regreso a Valdivia, cata de cervezas en la fábrica Kunstmann



¡¡¡Lorelaihihi!!!

15 de abril de 2012

Chiloé, la isla mágica en la que el tiempo se detuvo

Colinas de prados verdes con mechones de bosque, lluvia, niebla, mareas, bahías y pequeños pueblos de casas de madera. Estos elementos, mezclados para conformar miles de paisajes y rincones, componen Chiloé, un archipiélago mágico donde parece que el tiempo se haya detenido.

Los barcos varados y torcidos en la arena por la bajada de las mareas son la metáfora idónea para el ambiente de Chiloé en Semana Santa, pues la quietud y la inactividad en la calle han sido totales. No había a quién decirle adiós. Pero nosotros lo hemos disfrutado igual o más, yendo a buscar a mujeres a su casa para que nos abrieran las iglesias; abordando a una majísima pareja de argentinos, Emilio y Leticia, para que nos llevaran en coche hasta el siguiente pueblo y acabar compartiendo con ellos un montón de intereses y paisajes durante todo el día; o paseando por bosques húmedos de tepúes enmarañados, donde grandes telarañas brillaban a trasluz entre el tupido verde.
Lo que algunos comparan con Galicia (nosotros no podemos pues no la conocemos) también se caracteriza por una mitología propia, en la que el monstruoso Trauco desflora a las vírgenes irremediablemente atraídas por él, en la que un barco iluminado y repleto de fantasmas como El Caleuche surca los mares por la noche, y en la que abundan brujas violadoras y con aliento fétido como La Fiura o La Condena.
Mitología y religión se relacionan en Chiloé, famosa por sus iglesias hechas íntegramente de madera, lo cual sorprende en unos parajes en donde no deja de llover. Más de una decena de iglesias han sido declaradas Patrimonio Nacional por la Unesco, y no es de extrañar, pues son bellísimas. La que más nos ha sorprendido es la de Achao, con un interior de madera pintada de blanco y azul que es una auténtica delicia.
También son notables los palafitos de Castro, casas sobre el agua sostenidas por pilotis de madera de alerce, que resiste más de 50 años sin pudrirse. Y la minga, una costumbre antiquísima que reúne a la comunidad para cambiar una casa de lugar, arrastrándola con bueyes de un sitio a otro e incluso llevándola hasta la costa para luego desplazarla flotando sobre el agua. El complicado proceso requiere de la participación solidaria de mucha gente, que a cambio de su trabajo será compensada con una buena comida para reponer fuerzas, el curanto. Nunca con dinero.
El curanto es el más conocido de los platos chilotas y para las grandes ocasiones, como la minga, se cocina en un hoyo bajo tierra. En él se mezcla chorizo, panceta, pollo, papas, pan con grasa y muchos choros (mejillones) y almejas que dejan su jugo sobre la carne. Nosotros lo probamos en el restaurante Don Octavio de Castro, y aunque no estaba hecho al hoyo, nos chupamos los dedos.
¿Y qué decir de los chilotes? Pues que son gente de campo y de mar, sencilla, humilde, amable y un poco tímida al principio. Con las respuestas indefinidas de algunas personas no hemos llegado a mucha conclusión: “¿Qué nos recomienda, ir a Chonchi, Quemchi, Achao, Quinchao…?” “No seeeee, depende po, todo está bien…. ya vean ustedes no más”. En cambio, otros se han abierto del todo para contarnos su visión de la historia chilena, del exterminio de los indígenas y sus ideas políticas.
Por último destacar que en Quemchi se encuentra la casa-museo del escritor Francisco de Coloane, un chilote de origen muy humilde que tuvo que trabajar desde niño en haciendas y buques pesqueros. Estas vivencias propias las plasmó en decenas de libros sobre la Patagonia y la Antártida que le han hecho alcanzar fama mundial. Con títulos tan atractivos para nosotros como El guanaco blanco, El Golfo de Penas, El Camino de la ballena o Francisco Coloane en viaje, tendremos que leerlo para ver si nos ayuda a descifrar algo más de estas tierras mágicas y místicas.

Los barcos varados, metáfora de la quietud de Chiloé en Semana Santa



Los famosos palafitos de Castro



La casa azul (revestida de madera de alerce, como todas)



Una casa roja parecida a la Villa Kunterbunt



La iglesia de Achao, de madera pintada de azul



Iglesia en Quimchao



En esta barca seguro que no me mareo



Curanto power, después de 100 mejillones y almejas, todavía queda "teca"



Una marisma en el Parque Nacional de Cucao



Cariño, he encogido a los niños...



La península en la que no nos atrevimos a entrar porque había "algo" allí dentro



Vista desde el mirador (un palomar junto a la carretera) de Achao a Quinchao


¡Qué preciosidad!



¿Zona de bomba?



Una especie de Portlligat, pero es Quinchao desde la casa-museo de Coloane



Salimos de la isla en ferry y un delfín sale a despedirnos... ¿o será otra criatura camuflada?