28 de marzo de 2012

Traqueteando hacia el sur por la ruta 40 con Marga

25 horas en un autobús cutrón de la compañía Marga por la mítica ruta 40 que cruza el continente de norte a sur. Una experiencia inolvidable por el paisaje patagónico para ir de El Bolsón a El Chaltén, en un tramo con bastantes tramos sin asfaltar.

El bus traqueteaba y el olor a tierra nos acompañaba en el camino al profundo sur, pasando por la inmensa llanura patagónica, donde cada mucho se veía una casita o un campo con caballos. Lo mejor, la profundidad del horizonte y la amplitud de la visión, que hacen el cielo azul inmenso y la amarillenta estepa infinita.
Paramos en dos pueblos inhóspitos propios del Far West americano, Bajo Caracoles y Gobernador Gregores. Sobre todo el primero, son cuatro casas en medio de la nada, y el bar/hotel en el que paró el bus, con una colección de cuchillos colgada en la pared, bien podría servir a Tarantino para hacer una película.
La guinda fue cuando, después de 20 horas de viaje, el acompañante del conductor nos comentó que en breve se haría una parada técnica para reparar el autobús. Paramos en una casucha abandonada en medio de la nada, donde nos esperaban dos mecánicos con una cruceta nueva, pues la que llevaba nuestro pobre bus venía fallando desde El Bolsón, según nos comentaron. Los técnicos venían de El Calafate, a cinco horas del punto de encuentro. Total, que cambiaron la cruceta bajo la atenta mirada de todos los pasajeros, especialmente de dos alemanes flipados que por su interés debían ser del ramo, y proseguimos el viaje, eso sí, con mucho menos traqueteo.
El premio final del periplo fue una puesta de sol alucinante sobre la estepa patagónica, con un cielo psicodélico de azules, rojos y naranjas como nunca habíamos visto. Y para rematar, la visión de los altísimos picos del monte Fitz Roy mientras anochecía. ¡Increíble!


Parada técnica para estirar las piernas en Bajo Caracoles


El viento sopla fuerte en la estepa patagónica



Una casa de uvas a peras


Aquí empieza a hacer rasca!


La hierba que cubre kilómetros y kilómetros de paisaje


Ceda el paso...¿A quién?


Pero esto no es tan inhóspito en buena compañía...


La reparación


La pieza cascada y la "nueva"


El cielo inmenso


Anochecer psicodélico


¡Ya llegamos a El Calafate, y bajo el cielo naranja vemos el Fitz Roy!



27 de marzo de 2012

Montañas, excursiones y vistas inolvidables en El Bolsón

Doce horas en autobús en dirección al oeste separan Puerto Madryn de El Bolsón, o lo que es lo mismo, la llanura patagónica pura y dura de las montañas de Los Andes. No habíamos caído en la cuenta de que en todo el viaje no habíamos visto montañas, hasta que, de madrugada y desde el autobús, empezamos a ver picos y más picos, nevados y no, con una sensación de sorpresa y entusiasmo que no os ha abandonado en los cuatro días que nos hemos quedado en El Bolsón, un pequeño pueblo rodeado de montañas y lagos.

Dicen que los 500 kilómetros que separan Junín de los Andes, al norte, de Esquel, al sur, son los más bonitos de Argentina. Allí se encuentran pueblos famosos como San Martín de los Andes o ciudades como Bariloche, también rodeada de montañas. Nosotros decidimos concentrarnos en un lugar y elegimos El Bolsón, menos pijo y más pequeño, y aunque no hemos estado en los otros sitios, por lo que comenta la gente, tenemos la sensación de haber acertado de pleno.
El Bolsón nos ha entusiasmado. Desde allí hemos subido, atravesando el Bosque Tallado, hasta el refugio y mirador del Piltriquitrón, con una vista fabulosa sobre el valle del pueblo y la cordillera de los Andes. Nos hemos bañado en las aguas heladas del Lago Puelo y hemos recogido setas, zarzamoras y manzanas en los alrededores del pueblo con Claudio, el propietario de nuestro hostal.
Nos ha sorprendido que en la zona proliferan la rosa mosqueta y el pino, dos especies que son importadas y que han constituido una auténtica plaga por estos parajes. Aunque hacen bonito el paisaje, han tenido un impacto muy fuerte sobre la flora local. Lo mismo ha pasado con la trucha, muy apreciada por estos confines pero importada de Europa, y que como toda especie nueva ha causado estragos en el ecosistema fluvial.
También hemos hecho una caminata de 24 kilómetros al Cajón del Río Azul, pasando por bosques de árboles altísimos propios de los ewoks y por refugios junto al río en los que hacen pan y cerveza artesanal y te reciben como a un amigo.
A todo esto hay que añadirle que hemos tenido la suerte de conocer a gente muy maja, como Susanne, una chica suiza con la que compartimos cenas, risas y la excursión al Piltri, o Andrea y Michael, una pareja de alemanes que están recorriendo América del Sur en moto y que han dejado a sus hijos veinteañeros en casa, tomándose un año sabático después de haberlos criado. Claudio y Vale, los propietarios del hostal, y sus hijos Nico y Agustina, nos han hecho sentir en todo momento como en casa. Así que, teniendo en cuenta la belleza del lugar y lo bien que hemos estado, El Bolsón está entre los números 1 del viaje. ¡Volveremos y no nos cansaremos de recomendarlo!


El río serpentea por el valle en El Bolsón


Bañito en las refrescantes aguas del lago Puelo



Resistiendónos a guardar los bañadores



El Bosque Tallado: un ejemplo de revalorización de una área quemada, donde diferentes artistas, la mayoría locales, han realizado sus obras



Disfrutando de las vistas desde el refugio Piltriquitrón



Admirando la cordillera de los Andes



¡Un gustazo estar aquí arriba!




En el lago Epuyén



Con Claudio, comiendo trufas y alfajores en la casita de Hansel y Gretel



Cogiendo manzanitas de Blancanieves de los árboles


Las vacas acuden depués de haber sacudido el manzano



Ya llegó la hora de la zarzamora...



Hacia el Cajón del Azul, pasando por un par de puentes hechos polvo



En el bosque de los ewoks



Dando ánimos: Ya queda poco...


El cristalino Río Azul



Lástima no llevar el bañador... aunque ésta está fría de verdad




Haciendo amigos en el prado




Volviendo para casa



Andrea y Michael, con su "Poderosa"



22 de marzo de 2012

National Geographic pasado por agua en Puerto Madryn

Con la ilusión de ver orcas asesinas comerse a crías de lobos marinos fuimos a Puerto Madryn, nuestra primera parada en la Patagonia. Una esperanza tan macabra no podía augurar demasiada buena suerte.

Puerto Madryn es un pueblo en la costa atlántica y en medio de la nada, o más bien dicho, de una inmensa planicie llena de arbustos y algún que otro animal autóctono como el guanaco, el zorro colorado o el armadillo.

El lugar se fue poblando después de que allí se estableciera una fábrica de aluminio, y hoy es una meca del avistamiento de animales, ya que desde la Península Valdés se pueden ver ballenas francas australes, orcas, leones y elefantes marinos y pingüinos de Magallanes. Los locales han sabido aprovechar el tema para sacar plata, exagerando bastante los precios aun sabiendo que en esta época no hay mucho que ver más que cuatro focas tomado el sol y un esqueleto de ballena en un museo.

Nosotros hemos caído de cuatro patas en la turistada, yendo hhasta allí en uno de los pocos meses en los que no se ven ballenas, y cuando la mayoría de los elefantes, lobos y demás ya se han ido después de aparearse y tener a las crías. Así que, de lejos, vimos un par de colonias de lobos y elefantes y, más de cerca, unos cuantos pingüinos. Muy bonito pero algo decepcionante teniendo en cuenta las expectativas que teníamos.

No tuvimos suerte con las orcas ya que había marea baja y éstas sólo se acercan a la costa para cazar con la marea alta. Dicen que se ve una orca cada 3 días, pero creemos que debe ser incluso más difícil, teniendo en cuenta que hay fotógrafos con mega-teleobjetivos que se pasan semanas enteras mirando fijamente el mar para echar una foto.

Luego está el tema de los tours para turistas... Se aprovechan a saco con los precios. Y en vez de llevarte a dos sitios buenos, te ofrecen combinaciones de un sitio bueno y uno malo que no valen la pena. Para alquilarte un coche, además de cobrarte lo indecible, te meten miedo en el cuerpo con historias de coches volcados en la carretera de piedras.

En fin, a quien quiera ir le recomendamos ir en temporada de ballenas, alquilar un coche entre cuatro personas o alojarse directamente en Punta Pirámides y desde allí ir a la lobería en bici o a dedo. Otros viajeros también recomiendan ir a Punta Ninfas (elefantes marinos) o Punta Tombo (pingüinos), donde se puede pasear entre los animales, aunque nosotros no encontramos la manera económica de ir.

Atentos al calendario!

Ver una de carne y hueso tiene que ser impresionante!!!

Con nuestros amigos los pingüinos

Una parejita que todavía no ha emigrado

Unos resistentes más!

Cuando calienta el sol, aquí en la playa...


La lobería de Puerto Pirámides, cuando los lobos despiertan de la siesta: lo mejor de la excursión

Paseo al atardecer por la playa de Puerto Madryn

Dos pingüinos extraviados...

y un pato mareado! jejeje

18 de marzo de 2012

Buenos Aires, 30.000 razones para no olvidar

Buenos Aires es absolutamente impresionante. Grande, dinámica, diversa, política, cada barrio tiene su carácter marcado, en cada cruce te sorprende alguna cosa. Conviven el señorío parisino de Recoleta con las casas de chapa pintada de La Boca. Extensas avenidas con cientos de edificios de diferentes estilos y épocas se combinan con barrios antiguos y con buen ambiente como San Telmo, donde los domingos se organizan batucadas espontáneas, y con pulmones urbanos como el Bosque Palermo, donde entre lagos y patos se encuentra un maravilloso rosedal.

Cafés históricos con solera, librerías abiertas toda la noche y teatros se suceden en la calle Corrientes. Cerca de allí, la Avenida de Mayo, la Plaza de Mayo, la anchísima 9 de julio o la Casa Rosada, donde por cierto entramos hasta el mismo despacho de la presidenta. En Buenos Aires se ha amasado mucha riqueza gracias a la ganadería y hay miles de edificios que lo demuestran.

Los porteños pasean más o menos elegantes y hacen largas y cívicas colas pegados a la pared para tomar los autobuses en hora punta. Nosotros lo vamos recorriendo todo a pie, haciendo kilómetros sin atisbo de cansancio y atentos a los semáforos, pues los coches nos paran. Nos faltan ojos para ver todo aquello que nos rodea, nos falta tiempo para indicarnos el uno al otro las cosas que vamos descubriendo: “Mira esto, fíjate en lo otro…”.
Un poco más lejos de allí, los isolados rascacielos de 60 pisos del nuevo barrio pijo Puerto Madero sobresalen por mucho del resto de edificaciones y reflejan que la desfachatez y el mal gusto de los promotores inmobiliarios no tienen límites. Alguno está incluso coronado con un tejadito ridículo que simula el de un palacio francés. A pocos metros, la Reserva Ecológica, que ha crecido sobre un terreno ganado al río los escombros de la ampliación de la Avenida del 9 de julio. Y en las afueras de la ciudad, el Delta del Tigre, uno de los mayores del mundo, y en el que navegando por sus canales en medio de la vegetación y las casitas de colores, te parece estar muy lejos del gran Buenos Aires.

Nuestra experiencia en esta fascinante ciudad ha estado marcada por la invitación de un couchsurfer, José Luis, de hospedarnos en su casa en Chilavert, a 40 minutos en tren de la ciudad. Gracias a él hemos evitado las turistadas y hemos aprendido miles de cosas sobre Argentina y su historia en conversaciones nocturnas que se alargaban hasta la madrugada. También hemos compartido una cena con sus hijos, Ramiro y Núria, quienes también han heredado el espíritu crítico de su padre. Y nos hemos encariñado con Perrito, el simpático pequinés que nos hubiéramos llevado de viaje.

José Luis nos llevó al Parque de la Memoria, una visita que nos ha impresionado muchísimo por la claridad con la que los argentinos son capaces de hablar de la reciente dictadura, de las torturasy de los responsables de la desaparición de 30.000 personas entre mediados de los 70 y los 80. Así, en el Parque apuntan al impulso del Gobierno norteamericano en la promoción de dictaduras que reprimían a las izquierdas en Latinoamérica, escriben los nombres y apellidos de los responsables del genocidio argentino, recuerdanque empresas como Ford o Mercedes Benz participaron en la perpetración de crímenes contra la humanidad o dejan anotadas las direcciones donde todavía hoy viven genocidas. ¡Qué proceso de recuperación de la Verdad y la Memoria comparado con el borrón y cuenta nueva que se impulsó en España!
El Parque de la Memoria está situado en un punto simbólico, junto al Río de la Plata, lugar donde arrojaban a los detenidos desde aviones. Merece mucho la pena visitarlo para conocer esta tristísima y terrorífica etapa de la historia argentina y las consecuencias económicas y políticas de tan oscuro período. Las madres de la Plaza de Mayo, por cierto, siguen reuniéndose cada jueves en la plaza.

José Luis también nos llevó a conocer el barrio de La Boca, el real y no sólo el Caminito por el que pasan los turistas. Allí pudimos ver las casas de chapa de colores, pintadas con la pintura que sobraba de pintar los barcos y alzadas sobre pilotis antes de que levantaran la calle para evitar inundaciones. Allí pudimos disfrutar también con numerosas muestras de arte urbano, un reflejo más de que, frente a las adversidades de las crisis, las personas se unen para embellecer sus calles, crear vínculos y mejorar su entorno.

Nos vamos de Buenos Aires impresionados y cambiados. El viaje está adquiriendo un cariz más político, más dinámico. La sociedad argentina está organizada, las proclamas y los carteles reivindicativos se ven en la universidad, en la calle, en los muros. Hay miles de librerías y la gente lee, discute, se queja. Viniendo de Brasil, donde la pasividad y el relajo eran notables, o de Uruguay, en donde también se percibe un cierto estancamiento, la energía de esta ciudad y de su gente resulta notable.

Y por cierto, para los que hayan leído en los medios que este país está otra vez al borde de la quiebra, que sepan que desde aquí no hay, ni mucho menos, esa sensación. Los argentinos, que tienen un Doctorado práctico en Economía, están tranquilos. La miseria, aunque existe, no es ni mucho menos tan palpable como en el “rico y próspero” Brasil. Y a las empresas internacionales que no cumplen con los que prometieron en sus contratos, como Repsol YPF (o antes Aguas de Barcelona) se las está mandando para casa. ¡Bien hecho!

Dejamos Buenos Aires con miles de cosas por ver, pero también con la sensación de haber captado mucho de la esencia de esta ciudad. Y nos vamos, y esto es lo mejor de todo, con la alegría de haber hecho un buen amigo.


Palacete de estilo francés en el barrio de Recoleta



Barrio de La Boca


Construcciones de chapa en La Boca


Entrada majestuosa en la Avenida de Mayo



Ese pedazo de árbol!!!!


Magníficos árboles en el Bosque Palermo


Vistas de uno de los lagos del Bosque Palermo


Descansando en el Rosedal


Cúpulas de Buenos Aires



Delante de la "discreta" facultad de Derecho

 

Iglesia de San Telmo


Cementerio de Recoleta o la ciudad de los muertos


La Poesía, un bonito café de San Telmo

 

 Tráfico en hora punta



 Hecho un pingo en el clásico y turístico Cafe Tortoni



Una paradita en el 6, un café moderno en Palermo Viejo


Palacio Barolo, hermano mayor del palacio Salvo de Montevideo


Emulando a Evita desde el balcón de la Casa Rosada... pero que alguien apague los focos!!!


Un templo exclusivamente masculino: Los 36 billares

 

Leyendo en los palcos de la librería El Ateneo


Vista de Puerto Madero desde la Reserva Ecológica



De paseo por el Delta del Tigre


Uno de los centenares de canales que conforman el delta



Después de una cena con Ramiro, Núria, José Luis, y Perrito!



En el Parque de la Memoria la historia se explica sobre señales


Más claro, agua...



Frente a la Bombonera del Boca Juniors con un hincha de River


Poesía callejera



¡Vivan los novios! (parece de Bansky)


¿Y qué decir del David del Mate?


Con Núria, también catalana, y José Luis frente a la típica casa de La Boca, pintada


Hasta los bomberos tienen su mural (fijaos en la representación del agua y el fuego)


30.000 razones para no olvidar. ¡Brutal!